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lunes, 1 de febrero de 2016

Bebidas con Gas vs. Dieta Sana?

La clave para una vida sana es combinar el consumo con actividad física y con un buen descanso nocturno. Si estos tres pasos fueran seguidos, no hay cualquier objeción para el consumo de bebidas con gas. No existen estudios científicos que comprueben los efectos del gas a nivel gástrico, ni su efecto negativo para la regulación del apetito y del aumento de  la ingesta, una vez que el gas no hace aumentar el apetito. Las bebidas con gas bajas en calorías pueden incluso constituir una buena opción para quién pretende reducir o controlar el peso o incluso para quién quiere aumentar su abanico de opciones para mantener una hidratación adecuada. Muchas personas buscan bebidas que puedan consumir con placer.
El mito de la obesidad
Apesar de las evidencias científicas, en  nuestra sociedad persisten alguno mitos en torno al gas presente en las bebidas refrescantes. Tanto el mito de la obesidad, como el mito de los reflujos gástricos - subida del contenido del estómago para el esófago – o el de la descalcificación, no presentan fundamentos científicos que los sustenten.
Estudios científicos han demostrado que la sustitución del azúcar por edulcorantes no calóricos, como el aspartamo, debidamente testados y aprobados, no producen, por si solos, aumento de peso,  pero sí que muestran de hecho, una disminución en la ingesta de azúcar. Estos pueden facilitar el control de la ingesta calórica y, consecuentemente, la regulación del peso corporal.
El mito del reflujo
En cuanto al reflujo gástrico, para que el gas tenga un papel preponderante en la aparición de reflujo, el pH medido en el esófago debería disminuir, como consecuencia de la subida del contenido del estómago y después volverse más ácido por efecto del consumo de estas bebidas. No obstante, los estudios científicos realizados hasta hoy, han demostrado que el consumo de bebidas refrescantes con gas no reduce el pH del esófago, sólo lo hace en periodos cortos en los quela bebida transita, en sentido descendente, del esófago al estómago. Así, además de haber sido demostrado que las bebidas con gas no aumentan el riesgo de cáncer en el esófago, fue probado científicamente que estas bebidas, hasta contribuyen a la disminución del riesgo de cáncer, no sólo en el esófago, sino también en el estómago.

El mito de la descalcificación
La asociación entre el consumo de bebidas refrescantes con gas y el  riesgo de descalcificación ósea es otro mito que no encuentra fundamento en la ciencia. Este mito se asienta en la creencia infundada de que el gas hace que la sangre se vuelva más ácida, conduciendo a una disolución gradual de la masa ósea. En realidad, lo que ocurre en la ingesta de bebidas con gas es la fijación del dióxido de carbono por los  glóbulos rojos que, siendo transportado a los pulmones, es cambiado por oxigeno. Además, la gran parte del dióxido de carbono transportado por la sangre procede de la digestión de los alimentos.
Las bebidas refrescantes con gas pueden, así, constituir, sin cualquier sentimiento de culpa, una buena opción de hidratación, dentro de su vasto abanico de oferta, del cual forman parte los aromatizados, los néctares, los zumos de fruta y de extractos vegetales – también disponibles en sus versiones lightdiet y zero - sin o con bajo contenido calórico.

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